Cómo ayudar a niños y niñas con ansiedad en la pandemia

Sí, este es un momento de ansiedad, y sí, todo el mundo está ansioso, pero es particularmente difícil ser un niño ansioso en un momento de ansiedad. Los de ansiedad son los trastornos de salud mental más comunes en niños y adolescentes (y esto ya era así antes de la pandemia), y pueden estar relacionados con otros problemas, en particular la depresión.
La ansiedad puede llevar a los niños a consultas de emergencia y a internaciones psiquiátricas; y en una época de mayor estrés y ansiedad en general, los padres de niños y niñas ansiosos se encuentran especialmente preocupados, preguntándose cómo hablar con ellos sobre las complejidades de la vida en el año 2020, y tratando de evaluar cuándo es necesario buscar ayuda profesional.
En el Hospital Infantil de Boston, durante los primeros meses de la pandemia y el aislamiento, la cantidad de niños y adolescentes que acudieron a la sala de emergencias con problemas de salud mental disminuyó, dijo Patricia Ibeziako, jefa asociada de servicios clínicos del departamento de psiquiatría y ciencias del comportamiento del hospital.
El estrés y la ansiedad pueden manifestarse como un empeoramiento de la salud, especialmente para los niños con condiciones médicas subyacentes.

«La mayor cantidad de niños atendidos durante la pandemia, que se presentan en los hospitales con problemas de salud mental son aquellos con ideación suicida e intentos de suicidio – muchos tienen también ansiedad, a veces trastornos de ansiedad subyacentes. Los adolescentes que llegan con trastornos alimentarios suelen tener ansiedad. Los niños con discapacidades del desarrollo han venido con agitación y conductas perturbadoras que reflejan ansiedad, ya que la pandemia ha interrumpido sus rutinas», dijo Ibeziako.
Incluso en un momento de ansiedad, la ansiedad es tratable. «El tratamiento de primera línea para la ansiedad es la terapia», afirmó. Y añadió que la cognitivo-conductual es la terapia usan para los niños y adolescentes. Implica comprender el proceso de pensamiento de la ansiedad, explicó, y cómo afecta a las emociones y a los comportamientos, y ayudar al niño a reformular o cambiar los pensamientos problemáticos.
Algunos niños, dependiendo de la gravedad de sus síntomas, también pueden necesitar medicación. Los niños gravemente afectados podrían necesitar terapia en un programa diurno o en un hospital, al menos para empezar, mientras que a otros les irá bien con una sesión semanal.
No obstante, lo ideal sería que recibieran terapia y medicamentos, si es necesario, antes de que la ansiedad se vuelva tan intensa o debilitante que los padres consideren una visita a la sala de urgencias. «Sería realmente genial si los padres pudieran llegar a un pediatra o prestador de salud de atención primaria y tratar de conectarse con un consejero o terapeuta, y comenzar a abordar esto a tiempo», dijo Ibeziako.
Durante este momento difícil, algunas familias piensan que «la ayuda es para la gente que realmente la necesita, pero no para mi hijo», dijo Rachel Busman, directora principal del Centro de Trastornos de Ansiedad del Instituto de la Mente Infantil de Nueva York, que atiende a muchos niños pequeños en su práctica clínica. Y agregó que la expansión de la atención virtual en la pandemia aumentó la disponibilidad de servicios de salud mental para los niños.
Carolina Zerrate, profesora adjunta de psiquiatría de Columbia que también trabaja en un programa de salud mental escolar, dijo que aunque estos son tiempos estresantes para todas las familias, «las familias negras y latinas han sido más afectadas por el virus». Señaló que «algunas familias ya estaban en una situación de estrés».
Zerrate sugirió que los padres modelen cómo expresar sus emociones y pedir ayuda y apoyo, que hagan chequeos haciendo preguntas abiertas, como «¿Cómo te sentís? ¿Por qué te sentís así?». No hay que desestimar sus preocupaciones, aconsejó, ni decirles que son demasiado jóvenes para preocuparse. «Estás abriendo un espacio para comunicarte, está bien hablar de tus sentimientos, está bien compartir con tu familia».
Se debe buscar ayuda, señaló Zerrate, si se observan patrones que interfieren significativamente con el funcionamiento diario de un niño o una niña, o si parece estar angustiado con el tiempo y empeora, y por supuesto, si dice algo sobre hacerse daño a sí mismo o el suicidio.

Rebecca Berry, psicóloga clínica del Hospital Infantil Hassenfeld de la Universidad de Nueva York en Langone, dijo que los padres a menudo sabían que un niño tendía a la ansiedad, y que tal vez tenía problemas de separación alrededor de los 4 o 5 años. Describió que los niños ansiosos tienen «lo que yo llamo un cerebro preocupado, que se preocupa por ‘¿Cuándo va a venir la segunda ola?'».
«Hay tantas cosas que un padre puede hacer para modelar un comportamiento valiente, no ansioso y resistente», dijo Busman. Los padres tienden a querer apresurarse y proteger a sus hijos de la angustia, dijo, y pueden enviar sin querer el mensaje de que sí, el niño está en peligro y necesita protección.
Antes de la pandemia, sostuvo Ibeziako, la ansiedad relacionada con la escuela era un problema común, pero lo que están viendo ahora está «teñido de implicaciones pandémicas», lo que refleja los cambios en el año escolar y la incertidumbre general sobre cuánto tiempo seguirá esto.
Las rutinas y la estructura son importantes, y pueden ayudarnos a manejar la ansiedad – son importantes para los niños pequeños, para los niños en edad escolar, para los adolescentes y también para los adultos.
«Es poco probable que los niños pequeños digan: ‘Mamá, papá, me siento ansioso, y así es como manifiesto esa ansiedad'», afirmó Busman. Y los más grandes, e incluso los adultos, dijo, no necesariamente conectan sus sensaciones y conductas con las ansiedades subyacentes que pueden estar presentes.
Los niños más pequeños podrían mostrar su ansiedad estando más pegoteados, dijo Busman, «ya sea metafórica o literalmente», y podrían tener problemas para dormir. Pero también pueden estar enojados y ser perturbadores, «cuando nos sentimos amenazados, entramos en modo de lucha o huida», dijo.
Ibeziako sugirió que los padres supervisen lo que los niños encuentran en la mayor cantidad de tiempo dedicado a las pantallas. Del mismo modo, Busman recomendó a los padres estar atentos a sus propias conversaciones, entendiendo que los niños pueden captar información incompleta o preocupaciones de los adultos. Cuando los niños preguntan sobre lo que pasa en el mundo (o en la familia), dijo, es mejor tomarse tiempo para entender lo que el niño sabe, y qué información está pidiendo.
No tengas esas conversaciones a altas horas de la noche. «La hora de acostarse es una hora encantadora», dijo Busman, «pero no es el mejor momento para tener largas conversaciones sobre cosas que están en la mente de tu hijo». Intentá con ejercicios de relajación, sugirió, o visualización, como unas vacaciones mentales a un lugar donde ya estuvo.
Se debe recordar a los más chicos que tienen poder y voluntad, dijo Zerrate, «Hay cosas que pueden hacer para mantenerse a sí mismos y a su familia a salvo, lavarse las manos, ponerse barbijo».
El mensaje debería ser: «Esto es muy duro y muy complicado, y como familia, vamos a ser capaces de hacer frente a esto y estar bien».
*Por Perri Klass, pediatra y escritora estadounidense que ha publicado extensamente sobre su formación médica y práctica pediátrica.