Furor por Bitcoin y otras «cripto» en Argentina: Damián Di Pace anticipa el futuro del comercio

La informalidad de la economía, los problemas para la adopción de la tecnología y los vacíos regulatorios son algunos de los temas que están en el centro del debate actual sobre el futuro de la economía y el comercio en el mundo. La Argentina no está apartada de esa problemática y, según el economista Damián Di Pace, «el fenómeno de Bitcoin, las criptomonedas y la Blockchain tiene un alto nivel de adopción debido a la desconfianza en el peso y por la existencia de una política fiscal y monetaria ineficiente».

El economista presentará este domingo 8 de mayo a las 16.30 su libro «El futuro del comercio que se viene» en la Sala Julio Cortázar del Pabellón Amarillo de la 46° Edición de la Feria Internacional del Libro. La obra trata sobre inteligencia comercial y las claves de la innovación en los negocios para las Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes), y brinda estrategias de abordaje de los mercados presentes y futuros.

Previo a este lanzamiento, el autor dialogó con iProfesional sobre el impacto económico del e-commerce y las criptomonedas en la economía y el comercio, tanto en la Argentina como en el mundo. También profundizó sobre los problemas que genera la presión tributaria para el avance de la digitalización, la necesidad de la regulación y cómo impactará este debate en la geopolítica mundial.

-¿En qué estadío se encuentra el desarrollo del comercio electrónico en la Argentina hoy en día?
-Hace 10 años escribí un libro que hablaba sobre el futuro del comercio minorista en Argentina y, en aquel momento, veníamos de una década de 1990 en la que se había dado un alto nivel de concentración por parte de los grandes supermercados. Esos años estuvieron marcados por un proceso de sustitución de almacenes y pequeños comercios por grandes superficies. Y, después, vino el surgimiento de los shoppings, que fue desplazando a los comercios de calle.

Así, llegamos a los años 2000, que fue un período transicional en materia comercial porque todo el mundo pensaba que la modalidad del comercio digital iba a sustituir a la física. Fue el boom de las empresas puntocom, que luego se pinchó porque nada de eso tenía correlato en la realidad.

De hecho, nada de eso pasó, y, ahora, más de 20 años después, estamos en una etapa en que el comercio electrónico se ha acelerado, pero aún las ventas de alimentos y bebidas online sólo se llevan el 4% del total. Sin embargo, sí hay otros rubros, como el de los electrodomésticos, smartphones y electrónica, que se venden casi por completo en línea. Entonces, de acuerdo al bien o servicio, depende el éxito del canal digital. E, incluso en los casos en los que más se usa, la tienda física no desapareció. Todo se ve online, pero, muchas veces, la compra se define en el punto de venta.

-¿Y cómo ha cambiado la dinámica de los actores que operan en este nuevo mercado?


-Hoy los grandes jugadores de mercado no son los supermercados, sino que son empresas como Alibaba, E-bay, Amazon y Mercado Libre, que son agregadores de tiendas, intermediarios en la última milla del negocio, que tienen grandes espacios de almacenamiento y hacen la logística.

Estamos en un momento en el que esto está en pleno crecimiento y la pandemia le dio un fuerte empujón: se dio en un año lo que de otra manera hubiera tardado cinco.

Además, tenemos una propuestas de mundo paralelo con compras como NFTs, como Meta, de Mark Zukerberg. Así, conviven las grandes concentradoras por un lado y, por el otro, las plataformas. Una especie de complementariedad entre unos que dicen «yo te exhibo y te muestro» y otros que señalan «yo te almaceno y te distribuyo».

A su vez, los agregadores de e-commerce ayudan a diversificar la oferta y, por otro lado, se da una interacción con las redes, que es donde ocurre el boca a boca de los mejores comercios.

-¿Qué papel juegan en este nuevo escenario las criptomonedas y las billeteras virtuales?

-Hay dos papers que cambiaron el destino de la economía. Uno es el de Satoshi Nakamoto, que dijo que había que crear un sistema de monetización paralelo y descentralizado porque los bancos en 2008 habían sido un fraude. Así, creó Bitcoin.  Y el otro es el de Vitalik Vuterin, que planteó que el mundo tiene que tener una monetización descentralizada y distribuida en la que las decisiones las tome la sociedad.

Considero que, hoy, todavía la Blockchain y las criptomonedas están en versión beta. Es una etapa de prueba. Vemos muchas estafas con esos instrumentos porque aún no están regulados los exchanges, a través de los cuales se compran y venden las cripto. Pero, la proyección es que todo lo que estamos viendo hoy, en 40 años vista, va a estar descentralizado, desde los criptoactivos hasta las redes sociales. No va a haber una red centralizada, nadie va a tener los datos y los va a poder usar para lo que quiera, serán de las personas.

-¿Cómo juega en ese proceso la regulación a nivel mundial y en Argentina?

– Recién en Estados Unidos se ve un inicio de regulación de los exchanges, por lo que en Argentina tardará unos años en ser una realidad, seguramente. En un momento, la regulación es necesaria, pero eso daría un indicio de que nada de lo que pensaron Nakamoto ni Vuterin está pasando en la realidad. Porque, justamente, la regulación por parte de los Estados sería la contra a lo que proponían en sus papers.

Estamos en un proceso hacia una conciliación en ese sentido, entre realidad y utopía. Lo mismo pasa con las teorías políticas cuando se ponen en práctica: porque vemos que no hay estados anarco-capitalistas ni tampoco fue viable el comunismo extremo. Esto es algo similar.

Además, el tema de la regulación seguramente generará una división geopolítica en el mundo ante el debate de cuál va a ser la moneda de intercambio del futuro. De hecho, por un lado tenemos a China, que encarcela a quienes compran criptomonedas; y, por el otro, Estados Unidos está tratando de regularlas.

-¿Qué mirada tiene sobre la evolución de las criptomonedas y billeteras digitales en Argentina?

-A diferencia de las criptomonedas, las billeteras digitales ya están reguladas en el país y tienen que tener los fondos a la vista. Eso les da mayor seguridad. Se viene la tecnología 5G, que acelerará muchísimo el proceso de transmisión de datos en el mundo, pero en Argentina demorará más la adopción. Nos queda mucho por crecer aún.

Vivimos en un país con un 40% de la economía en la informalidad y eso pone un límite a la adopción de las tecnologías que exigen formalizar los gastos y los capitales. Nuestro país tiene alta presión tributaria y eso genera un elevado nivel de informalidad, no a la inversa, como muchos dicen.

De hecho, la creación de más impuestos destruye la voluntad contributiva cada vez más. Y la informalidad de la economía es el techo para la implementación tecnológica.  Por ejemplo, se pagan alícuotas del 35% con inflación del 50%. Eso es tremendo.

Si nos guiamos por el límite fijado para la categoría de monotributista cuando comenzó a existir el régimen, el mismo debería ser hoy de alrededor de $15 millones, pero es realmente de $3, 2 millones para servicios y $4,2 millones para bienes. Eso es tremendamente limitante para el desarrollo de emprendimientos.

Porque, si te inscribís en la categoría de Autónomos, vas a tener que pagar  35% de Ganancias (desde $70.000), 21% de IVA, 3% de ingresos brutos, además de tasas municipales y provinciales. Así es como cayó 8,3% la cantidad de Autónomos en el mercado. Los emprendedores prefieren tener menos crecimiento en su producto pero achicar la carga tributaria.

Es imposible desarrollarse en Argentina con estas cargas y tampoco se puede emprender nada por los límites de facturación que existen para el emprendedor. No hay posibilidad de reinvertir utilidades porque la mayor parte se las lleva el Estado.

Y por esos mismos motivos, sumados a una política monetaria inexistente, que hace que nadie crea en el peso, el fenómeno de la Blockchain se adoptó rápidamente en Argentina. Por una necesidad de resguardo ante la política económica y ante las restricciones para acceder al dólar.

Hoy, 3 millones de personas tienen criptomonedas en Argentina, principalmente para reserva de valor. Y eso que no están reguladas aún, hay muchas noticias de estafas e, interanualmente, el que apostó al Bitcoin perdió. Sin embargo, la gente prefiere el Bitcoin al peso por una cuestión de desconfianza en su moneda propia. Sabe que ahí pierde siempre.

-En ese contexto, ¿vamos hacia una desaparición del comercio físico?

-Esa es una de las grandes dudas de las personas ante el avance de las cripto y las billeteras digitales, si el comercio físico va a desaparecer o no. Pero la pandemia nos dejó una lección: si bien durante todo el tiempo que duró el aislamiento lo digital creció mucho, a medida que se fue terminando esa restricción, todos los lugares comenzaron a llenarse de gente.

Incluso, en una Argentina en crisis, con una inflación altísima, con salarios destruidos y consumo masivo en caída, tenemos restaurantes llenos y turismo a pleno, por ejemplo. Esto es porque el ser humano es un ser social. Eso nos hizo ver la pandemia. Lo podés digitalizar totalmente, pero no hay ninguna experiencia que reemplace lo físico.

Yo creo que la generación actual, que son nativos digitales, va a encontrar el diferencial en eso, en lo presencial, frente a la commoditización de la digitalización. Entonces, van a hacer compras online pero habrá una instancia presencial complementaria, seguro. En un futuro, las tiendas automatizadas van a ser un boom inicialmente pero, a la larga, la atención personalizada va a ser esencial.