En Venezuela, una empresa ofrece “hijos suplentes” para acompañar a los adultos mayores que quedaron solos por el éxodo

Unas 6 millones de personas emigraron de Venezuela en los últimos años, con lo puesto y unos pocos dólares en el bolsillo. Algunos salieron en avión. Pero la mayoría en un largo camino por tierra que los desparramó a lo largo de toda América, desde los Estados Unidos a la Argentina.

Este desarraigo inédito en la historia venezolana trajo consecuencias dolorosas para los que se fueron y también para quienes siguen en el país: se calcula que entre 700 mil y 900 mil ancianos viven solos, muchos de ellos a causa de la emigración de sus hijos, según la ONG Convite. Para ellos, una empresa encontró una solución: “Mi hijo suplente”.

Los que tuvieron la suerte de irse con todo el grupo familiar dejaron atrás sus casas, ya sea por la esperanza de volver algún día o porque venderlas significaba virtualmente regalarlas a un precio casi irrisorio por la brutal caída del mercado inmobiliario. Hoy se estima que la mitad de los departamentos de edificios de barrios de clase media acomodada y alta de Caracas están vacíos. Y ese porcentaje crece en lugares como la isla Margarita, en el Caribe. A raíz de esta situación, surgieron varios emprendimientos como “Casa Viva”, para cuidar las viviendas desocupadas.

“Mi hijo suplente”, la empresa que asiste a los adultos mayores cuyos hijos emigraron de Venezuela

Bajo este panorama de crisis continua surgieron nuevos emprendimientos vinculados con la emigración.

María Gabriela Chalbaud creó a fines de 2019 una empresa que bautizó “Mi Hijo Suplente”. Sus clientes son venezolanos que salieron en los últimos tiempos del país y dejaron a sus padres, adultos mayores, solos en sus casas.

“Damos un servicio de atención a los adultos mayores cuyos hijos están fuera del país. Básicamente ofrecemos todo tipo de atención dentro y fuera del hogar. Hacemos todo lo que un hijo haría por sus padres si viviera en Venezuela”, contó Chalbaud a TN.

Cómo es y cuánto cuesta el servicio de “Mi hijo suplente” que asiste a los adultos mayores cuyos hijos emigraron de Venezuela

El servicio varía según la necesidad del cliente: desde el acompañamiento en el hogar, pactar citas y acompañarlos al médico o hacerles las compras del mercado.

“Todo depende de lo que los hijos quieran. Tenemos un equipo de cuidadores, psicopedagogas y enfermeras que puedan realizar un acompañamiento en las casas. Pero también puede ser una simple salida a tomar un café, realizar caminatas o hacer ejercicios. Es un servicio de compañía y que además resuelve asuntos logísticos”, dijo la empresaria.

Desde su creación la empresa ha atendido a más de 40 adultos mayores solos en Caracas.

“También conversamos con ellos. Tratamos de suplir al hijo. Hacerle la suplencia mientras él vuelve. Ser sus ojos aquí y cuidar su estado emocional. Por ello les enviamos informes periódicos a las familias”, indicó Chalbaud.

La emigración ha sido tan fuerte que la empresaria ya tiene planes de abrir sucursales en otras zonas del país. “Tenemos ya dos personas en Aragua (oeste de Caracas) y hay planes para abrir sedes en Margarita y Barquisimeto (centro-oeste del país)”, confió.

El servicio cuesta entre 14 a 16 dólares la hora. Sin embargo hay paquetes mensuales para abaratar costos.

El fenómeno de las casas vacías en Venezuela

El flujo migratorio que experimentó el país de la mano de una profunda crisis política, económica y social ha causado además otro fenómeno inédito: los migrantes se van pero dejan sus casas vacías con el temor de que puedan ser tomadas por “okupas”.

El motivo no es solo sentimental: muchos emigran con la esperanza de volver algún día, pero otros deciden no vender sus propiedades porque los precios de las casas cayeron en forma abrupta en los últimos años ante el colapso del mercado inmobiliario.

Hoy es posible comprar un departamento pequeño de un ambiente en una muy buena zona de Caracas por 35 mil dólares. Y algo más ambicioso, como un lujoso apartamento de 250 metros cuadrados, con 4 puestos de estacionamiento, tres cuartos más estudio, en una zona exclusiva y con vista al cerro El Avila, se cotiza en unos 150 mil dólares. El mismo precio de lo que sale un departamento de tres ambientes en un barrio de clase media en Buenos Aires.

En este panorama surgieron varios emprendimientos que apuntan a estos emigrados que dejaron sus casas vacías. Uno de ellos es Casa Viva, creado por la venezolana Emiliana Romero.

En diálogo con TN, esta empresaria contó de qué se trata la empresa. “Básicamente cuidamos las viviendas. Abrimos la propiedad, la revisamos, la aireamos para que no tenga humedad. Abrimos los grifos (canillas) y limpiamos todo. También tenemos servicios de jardinería y cuidado de piscinas”, comentó.

Y precisó: “Vamos dos veces al mes. Por una casa normal cobramos 100 dólares mensuales”.

Por qué hay cada vez más casas y departamentos vacíos en Caracas y las grandes ciudades venezolanas

El fenómeno de las casas vacías ha crecido muchísimo en los últimos años.

Romero dijo que en cualquier edificio de Caracas la mitad de los departamentos están vacíos. Pero en Margarita “es más de la mitad porque la gente no tiene como mantener” las viviendas en zonas de playa, que son más costosas.

El negocio “Casa Viva” funciona muy bien. “Volví hace cuatro años de Costa Rica y me encontré mi casa muy deteriorada. Y entonces se me ocurrió la idea de este emprendimiento”, indicó.

Qué hacen algunos emigrados venezolanos con sus departamentos vacíos: administradores colectivos y Airbnb

Pero el de Casa Viva no es el único negocio de este tipo activo en Venezuela.

Carlos Ancheta vive en un edificio de departamentos de Altamira, uno de los barrios más exclusivos de Caracas, frente a la emblemática Plaza Francia. Hasta hace unos años esta era una de las zonas más ricas y apacibles de la capital. Los fines de semana miles de caraqueños paseaban por el cercano Parque del Este, de 64 hectáreas de puro verde, o partían desde allí a escalar El Avila, desde donde se observan las vistas más hermosas de la ciudad.

Pero hoy, contó Ancheta en dialogo con TN, en esta zona de Altamira hay agua solo media hora al día.

“Se habla de 6 millones de emigrados y el fenómeno va creciendo. En esta zona de la capital la ocupación de cada edificio es del 50% en el mejor de los casos. Y es algo que se ve en todo el país”, comentó.

Por eso desde hace algunos años Ancheta se encarga de administrar departamentos vacíos cuyos dueños se fueron del país. “Actualmente llevo unos 20 apartamentos, la mayoría en la zona. Tengo tres líneas de trabajo: el pago de servicios y condominio (expensas); el mantenimiento del inmueble y el alquiler. Yo recibo el 20% del ingreso bruto”, señaló.

Los departamentos se ofrecen por la plataforma de alquiler Airbnb o de boca en boca. “Hay muchos venezolanos que vienen a Caracas a atenderse en el sistema de salud de la capital porque el del interior está por el piso. Y además en los últimos años llegaron muchos trabajadores extranjeros de ONG humanitarias que necesitan donde hospedarse. Son gente que viene por dos o tres años, o solo un mes o dos y buscan un departamento en la zona”, precisó.

– ¿Y tu familia?

– Toda mi familia política se fue del país. De la mía mi hermana menor se fue a vivir a Perú y está viniendo estos días a buscar a su hija de 9 años, a la que no ve desde hace 3. Viene por tierra en un viaje de cinco días desde Arequipa -afirmó.

Y concluyó: “Aquí no se vislumbra una mejora. El gran problema es político y ha afectado la vida de los venezolanos en el ámbito económico, de la vida cotidiana, en los servicios. Cada dia vivir en este pais es más complicado”.