Cuándo hay que hablar sobre sexo con los hijos

Sabemos que los chicos exploran su cuerpo de manera temprana, a medida que empiezan a caminar y a hablar. En ese proceso de reconocimiento e identidad, suelen tocar sus órganos sexuales y hacerles preguntas a los adultos, especialmente a sus padres. La educación sexual es clave en la formación de los chicos pequeños y en edad preescolar para que luego tengan herramientas para enfrentar el futuro de una forma correcta, informada y segura.

Muchos padres temen que llegue ese momento, aunque resulta sumamente importante no pasarlo por alto. La realidad es que son los menores los que marcan el tiempo en esta cuestión a través de la curiosidad sexual natural de todo ser humano. Es común que los bebés e infantes se autoestimulen: los varones suelen palparse el pene, mientras que las nenas también (aunque en menor medida) pueden explorar sus genitales. Los expertos aseguran que es absolutamente normal que lo hagan porque están conociéndose, y, también, comienzan a descubrir el universo de todo lo que tienen alrededor, desde objetos hasta seres vivos.

Entre los 3 y 4 años, los niños comienzan a diferenciar los sexos y a adquirir su identidad. Se dan cuenta de que existen varones y nenas y que ambos son distintos en muchos aspectos: juegos, intereses e incluso sus cuerpos. A medida que esa curiosidad avanza, los padres pueden encontrarse con situaciones que les parecerán anormales o incómodas, pero que en realidad son absolutamente inofensivas. Un ejemplo es cuando ellos juegan al doctor y se examinan. Según los expertos, esa exploración es muy lejana a la actividad sexual de los adultos y no representa un problema para nuestros hijos.

Con Bienestar habló con Marisa Russomando, psicóloga de familia (M.N. 23.189), quien explicó cuándo comienza la sexualidad en el ser humano y cómo deben encarar los adultos los temas de educación sexual con sus hijos. “La sexualidad se inicia con el nacimiento. Hay una falsa creencia respecto de que ésta se va incorporando con los años. Incluso, hay muchas mamás y papás inadvertidos que creen que los menores gozan de pura inocencia hasta que se convierten en adolescentes. Y no, comienza con el nacimiento. De hecho, es la que lleva a los bebés o recién nacidos a alimentarse. La lactancia tiene que ver con las zonas erógenas y el placer de la succión, lo que quiere decir que la sexualidad incluso está a favor de la subsistencia, del sobrevivir. Gracias a eso, insisto, está el reflejo de succión que, al ser placentero, el bebé repite y se alimenta”.

En esa misma línea, la especialista aclaró: “Los padres debemos acompañar a nuestros hijos en el recorrido de la sexualidad desde el nacimiento. Sin embargo, eso no significa adelantar etapas, pero sí ir acompañándolos en la medida en que vayan apareciendo las necesidades de hablar sobre temas vinculados con la sexualidad. Esto lleva a pensar, por ejemplo, que si uno está jugando a mencionar las partes del cuerpo (algo que pasa desde los primeros años) o si se está compartiendo el baño con adultos, una sugerencia muy importante es llamar a cada parte del cuerpo y a los órganos genitales por su nombre”.

En relación con la forma en que nombramos nuestra partes íntimas, Russomando dijo que es fundamental por varios motivos: “En primer lugar, porque estamos transmitiendo el mensaje de la sexualidad y por lo tanto, todo lo que la rodea (entre ello las palabras que la mencionan) es natural, por lo que no hay que disfrazarlo ni ponerle sobrenombres. Es necesarioaclararles a nuestros hijos que el diálogo para hablar sobre estos temas con mamá y/o papá está abierto desde el inicio. Si, en cambio, uno lo disfraza con sobrenombres, parecería que es un tema del que no se puede hablar o del que hay que hablar con rodeos, en código o en secreto. Eso va a contramano del diálogo abierto entre padres e hijos y sobre todo, en contra de la prevención contra el abuso sexual infantil del que debemos ocuparnos los padres desde que son muy chiquitos”.

Como conclusión, la especialista precisó: “Si nosotros, los adultos, enriquecemos la falta de diálogo, la sexualidad se vuelve secreta o vinculada con lo que está mal, lo que hay que callar y entonces estamos colaborando con uno de los ingredientes fundamentales del abuso que es que la víctima no se anime a contar lo que pasó por sentirse mal. Y eso es peor si la mamá y el papá tienen una actitud resistente frente al tema de la sexualidado directamente consideran que es algo malo. Entonces, el diálogo es la única manera de prevenir que un menor pase por alguna situación que no está bien o que la oculte. Todos los padres deberían dejarle en claro a sus hijos que no deben pasar por algo que no les guste y que, si sucede, lo deben contar inmediatamente”.

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